28/01/2026
El prolongado debate en torno al acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur no puede entenderse únicamente desde una lectura técnica o sectorial. Tras años de negociaciones, aplazamientos y cautelas, el eje de la discusión se ha desplazado: ya no se trata solo de los términos del acuerdo, sino de la capacidad de Europa para tomar decisiones estratégicas en un entorno internacional cada vez más competitivo e incierto. En este contexto, Mercosur se ha convertido en un espejo incómodo. Un proyecto que despierta recelos, no tanto por lo que es, sino por lo que obliga a Europa a confrontar: su relación con la competencia global, su modelo productivo y su disposición real a adaptarse al cambio.
Entre la cautela y la parálisis
Es comprensible que determinados sectores perciban el acuerdo como una amenaza. Las diferencias en costes de producción, estructuras económicas y marcos regulatorios generan tensiones legítimas, especialmente en actividades sometidas a una fuerte presión competitiva. Sin embargo, convertir esa cautela en inmovilismo entraña un riesgo mayor.
En un escenario internacional marcado por la consolidación de grandes bloques económicos, la inacción no equivale a protección. Equivale, en muchos casos, a pérdida de relevancia. Europa no compite en un vacío, y mientras el debate se prolonga, otros actores avanzan en la definición de sus alianzas estratégicas.
Una relación mal interpretada
Analizar Mercosur como un bloque ajeno o distante supone una simplificación excesiva. Para España, esta visión resulta especialmente limitada. La relación con América Latina no responde a una lógica coyuntural, sino a una interdependencia histórica, económica y empresarial construida durante décadas.
Más que una relación de sustitución, el vínculo entre la Unión Europea y Mercosur es de complementariedad estructural. Europa aporta conocimiento, innovación, servicios avanzados e inversión; Mercosur aporta recursos, escala y mercados con un potencial de crecimiento significativo. Interpretar este intercambio desde una narrativa de confrontación empobrece el debate y dificulta la toma de decisiones racionales.

El factor institucional
La elevación del acuerdo al Tribunal de Justicia de la Unión Europea introduce una dimensión jurídica que, aunque necesaria, prolonga la incertidumbre. Esta situación
Mientras tanto, las empresas observan con atención. La incertidumbre prolongada no solo retrasa decisiones, sino que erosiona la confianza y dificulta la planificación estratégica. En este contexto, la anticipación y el análisis riguroso del riesgo se convierten en herramientas esenciales para competir.
Un aliado imperfecto en un mundo imperfecto
Mercosur dista de ser un socio sencillo. La volatilidad económica, los cambios políticos y la heterogeneidad normativa exigen preparación, conocimiento y una estrategia clara. No es un entorno para la improvisación ni para enfoques cortoplacistas.
Pero el escenario global actual tampoco ofrece aliados simples o entornos plenamente previsibles. En un mundo fragmentado, los acuerdos estratégicos son, por definición, imperfectos. La cuestión no es evitar esa complejidad, sino gestionarla con inteligencia y visión de largo plazo.
Más allá del acuerdo
El debate público suele centrarse en si el acuerdo es bueno o malo en términos abstractos. Sin embargo, la pregunta clave es otra: cómo prepararse para que funcione. Ningún acuerdo comercial garantiza resultados por sí mismo. Sin estrategia empresarial, acompañamiento institucional y capacidad de adaptación, incluso las mejores oportunidades pueden diluirse.
Desde esta perspectiva, el verdadero riesgo no es Mercosur. El verdadero riesgo es posponer decisiones estratégicas en un momento en el que la redefinición de alianzas y mercados es ya una realidad.
Desde Altair Consultores Logísticos abordamos este análisis desde una perspectiva estratégica, considerando que el valor del acuerdo dependerá, en última instancia, de la capacidad de las empresas para anticiparse y estructurar su estrategia internacional.
Mercosur no admite una clasificación simple como enemigo o aliado. Representa, al mismo tiempo, un desafío y una oportunidad. La diferencia no la marca el acuerdo en sí, sino la capacidad de cada economía y cada empresa para adaptarse, anticipar escenarios y actuar con criterio estratégico.
La cuestión de fondo no es qué es Mercosur, sino qué papel desea desempeñar Europa —y España— en el comercio internacional del futuro. Porque en un entorno global en transformación, no decidir también es una decisión. Y casi siempre, la más costosa.
Pablo Arauzo Scancella
Consulting & Head of External Relations



